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Crucero por el Estrecho de Gibraltar

El Mediterráneo encuentra al Atlántico en el estrecho de Gibraltar, una dinámica extensión de agua de 58 kilómetros de largo y solo 14,3 kilómetros de ancho en su punto más estrecho. Al ser frontera marítima entre África y Europa, el estrecho de Gibraltar ha sido siempre una zona de gran interés político así como también de actividad marítima. La cultura árabe avanzó a través de Europa en los comienzos del siglo VIII. Entre otros logros durante sus más de 700 años en el continente, los moros construyeron palacios y mezquitas, pavimentaron calles, introdujeron instrumentos científicos de avanzada y cultivaron plantas como olivos, limoneros y naranjos. Con el tiempo, los cruzados expulsaron de Europa a los moros (pero se quedaron con toda las obras arquitectónicas y convirtieron las mezquitas en iglesias y los minaretes en campanarios).

Actualmente, el conflicto a través de las aguas internacionales se ha reducido mayormente a un intercambio pacífico de bienes y servicios. Ferris marchan ida y vuelta entre España y Marruecos, un viaje que toma generalmente alrededor de 35 minutos. Al nadador ocasional que realiza la travesía sin bote le tomará un poco más de tiempo.   

Sin embargo, estas son aguas definitivamente extrañas. Las culturas colisionan, pero mayormente coexisten. Los británicos, lejos de su propio reino insular, mantienen cerca a Gibraltar, bebiendo té y ale en el clima del Mediterráneo. Los españoles han protegido por mucho tiempo su posición en el Ceuta norteafricano, una ciudad portuaria controlada por los españoles y un pueblo costero de lengua marroquí que sobresale en el estrecho. Aviones y barcos militares estadounidenses patrullan estas playas en busca de traficantes y terroristas. El Estrecho de Gibraltar parece una pacífica extensión de agua en su superficie, pero es en verdad una potencial mezcla explosiva.

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