Con un aire llamativamente continental, que se diferencia de las raíces maoríes del país y la historia colonial británica, Akaroa es la única ciudad de Nueva Zelanda que fue establecida originalmente por los franceses y es el asentamiento europeo más antiguo de la Isla del Sur. Los colonos franceses llegaron en 1840 y descubrieron que los británicos habían recibido el dominio del país después del Tratado de Waitangi; sin embargo, los franceses se quedaron y dejaron su huella. El largo puerto de Akaroa yace sobre la península de Banks, a aproximadamente 80 kilómetros al sur de Christchurch, cobijado por el cráter de un volcán extinto. Las bahías que rodean la aldea tienen un muy alto nivel de biodiversidad, incluida la mayor colonia de pingüinos en el territorio de Nueva Zelanda y el único hábitat natural del delfín de Héctor, el más pequeño y poco frecuente de esa familia de mamíferos. La historia volcánica de la región también crea formaciones geológicas espectaculares, bucólicas granjas en la zona rural alta y fabulosas costas de agua azul. En caso de que decida quedarse en la pintoresca ciudad, puede recorrer las históricas rues, maravillarse con la arquitectura colonial, degustar quesos y vinos producidos por los neozelandeses e inspirados por los franceses, y percibir el fabuloso ambiente con todos los sentidos.