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Crucero panorámico por el pasaje Stephens

El pasaje de Stephens es el mejor atajo del mundo, una línea recta en el sudeste de Alaska, en un escenario en el que podrá encontrar muy pocas líneas rectas. No solo son las personas y las embarcaciones los que hacen uso del pasaje: En sus aguas y costas se concentra una gran cantidad de vida silvestre de Alaska, desde las ballenas jorobadas, con sus amplios sonidos que pueden escucharse a casi 1 kilómetro de distancia, hasta los gigantescos leones marinos y su olor tan distintivo —bueno, más bien hedor—, que también se puede percibir a mucha distancia.

Los límites meridionales del pasaje de Stephens comienzan en el extremo de Frederick Sound, que es una de las zonas más propicias para avistar ballenas en todo el estado. A medida que el terreno se va estrechando y nos vamos adentrando en el pasaje, las montañas se aproximan al mar y la marea alta llega hasta rozar las raíces de los abetos y las cicutas. En las diminutas bahías, se reúnen araos negros y gaviotas; cuando despegan a la estela del barco, el ruido es como un aplauso.

El agua del pasaje es absurdamente profunda: más de 300 metros en algunos lugares. Pero en este paisaje esculpido por la última edad de hielo, si quiere apreciar una escala verdaderamente, tendrá que admirar los picos montañosos: Se alzan en cumbres que llegan a alcanzar los 1500 metros, y sus laderas están recubiertas de bosques y praderas, doradas por el sol del ocaso. Lo mejor de todo son los matices púrpura de los glaciares en la corona del pasaje.

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