Justo al sur de San Telmo se encuentra La Boca, otro barrio entrañable, este empapado en colores primarios. Sí, es un imán para los turistas que vienen a ver tango al aire libre, pero también una ofrece textura local inimitable: un partido de fútbol muy reñido entre los adolescentes se está librando con el telón de fondo de un vívido mural.
Porque el tango es tan sinónimo de Argentina, me detengo frente a La Vieja Rotisería para ver a una pareja especialmente hermosa, Eliana Rizzonelli y Nahuel Guerrero, cuyos movimientos asertivos pero fluidos definen el género. El antebrazo musculoso de Nahuel se eleva en el aire, su mano está en la parte baja de la espalda desnuda de Eliana, quien eleva la pierna que se asoma de su vestido de terciopelo rojo y se sostiene por encima de la cadera de Nahuel.
Sus miradas permanecen entrelazadas en una intensidad palpable. Tomo asiento en seguida porque no puedo quitarles los ojos de encima. La danza, con su cadencia dinámica y poses congeladas, muestra las curvas de Eliana, la fuerza severa de Nahuel y su perfil impecable.
Después de su actuación, mientras un sombrero se abre camino entre las mesas al aire libre de La Vieja Rotisería para llenarse de pesos rápidamente, la pareja explica que su pasión es real: Eliana y Nahuel están casados. En el escenario son estilizados, pero fuera del escenario se muestran animados y despreocupados.
“Parecías tan rudo allá arriba”, le digo a Nahuel. Enigmático y peligroso durante el tango, fuera del escenario Nahuel tiene una sonrisa dulce y juvenilmente conmovedora. Eliana traduce mi comentario y ambos se ríen sinceramente. Nahuel solo tiene 27 años, pero su entrenamiento y físico le permite transmitir una absoluta autoridad masculina durante el baile. Su nombre significa “jaguar”.
Eliana dice que tienen una agenda llena; hacen más que actuar en La Boca. “Tenemos formación en ballet y danza contemporánea, así como en tango, y también enseñamos”, me dice ella, explicando que tienen una cita pronto para enseñar al otro lado de la ciudad.
Eliana y Nahuel son instructores populares, y cualquiera puede entender por qué. Lo que tienen es un estilo que personifica la ciudad y sus barrios: atrevido, colorido, estéticamente preciso. Tienen algo, una magia distintiva de los porteños, que no se puede enseñar.
Pruebe y haga tango por Argentina y disfrute de otros destinos increíbles en cruceros por Sudamérica.