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Puerto Chalmers (Dunedin), Nueva Zelanda

Gran parte de Nueva Zelanda recuerda a Inglaterra, pero a su vez con influencias de la Polinesia. Sin embargo, hay algunas excepciones, como la ciudad de Akaroa, un antiguo asentamiento francés, y la distintiva ciudad escocesa de Dunedin, llamada así por el nombre gaélico escocés de Edimburgo. Después de que se fundó Dunedin en 1848, el planificador urbano Charles Kettle intentó imponer el tipo de trazado urbano de la Ciudad Nueva de Edimburgo en la ciudad en crecimiento. Pero el paisaje montañoso de la Península de Otago presentó complicados desafíos: por ejemplo, se puede observar que Dunedin tiene una de las calles más empinadas del mundo (Baldwin Street). Los restos volcánicos que rodean el puerto crean un telón de fondo espectacular.

La prominencia de Dunedin durante la fiebre del oro a finales del siglo XIX dio como resultado la construcción de majestuosos edificios victorianos y eduardianos. Gracias a la hermosa Universidad de Otago (la más antigua del país), hay una gran población estudiantil que mantiene la ciudad vibrante y moderna. Pero la herencia de Dunedin siempre se muestra con orgullo: La magnífica estación de trenes de Dunedin y el castillo de Larnach han sido restaurados a nuevo, recuperando toda su gloria, y el fascinante Museo de los Colonizadores de Toitū Otago brinda una visión de las vidas de los primeros residentes. Fuera de la ciudad, la península de Otago está bordeada de pintorescas playas y alberga especies de aves exóticas como los albatros reales y los pingüinos ojigualdos.

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